“La ira que te está destruyendo por dentro"
Y la verdad incómoda que nadie te enseñó para liberarte.
Juan Carlos Rufasto
5/8/20242 min read


La ira es una emoción tan intensa que a veces se siente como si quemara desde adentro. No surge de la nada: es una respuesta aprendida, un mecanismo de defensa y, en muchos casos, un reflejo de heridas antiguas que todavía están activas. Desde la mirada del coaching transformacional y la Programación Neurolingüística (PNL), superar la ira no consiste en reprimirla, sino en descifrarla.
La ira es un mensajero. Llega cuando algo cruza tus límites, cuando te sientes traicionado o cuando una parte de ti se siente ignorada. El problema es que el cerebro, acostumbrado a reaccionar, enciende el piloto automático emocional. Gritar, atacar o castigarte a ti mismo se vuelven respuestas casi mecánicas. En los procesos transformacionales, lo primero que se hace es desactivar ese modo automático: observar la emoción antes de que tome el control.
La PNL enseña un principio esencial: no reaccionas a lo que pasa, sino a lo que significa para ti. Si tu mente interpreta una situación como amenaza, activa ira. Si la interpreta como injusticia, estalla. Por eso, para transformar la ira, hay que transformar el significado. El coach trabaja en la raíz: ¿qué narración interna enciende el enojo? ¿“No me respetan”? ¿“Siempre me pasa lo mismo”? ¿“Soy un fracaso”? Cambiar esa interpretación cambia la emoción completa.
Luego viene el trabajo corporal. La ira vive en el cuerpo: mandíbula tensa, pecho cerrado, respiración corta. Técnicas de respiración consciente, grounding o “anclajes de calma” desde la PNL permiten que el cuerpo deje de reaccionar como si estuviera en guerra. Una vez regulado el cuerpo, la mente puede dialogar, decidir y no explotar.
La transformación profunda llega cuando te das cuenta de que la ira hacia otros es, muchas veces, una ira acumulada contigo mismo. Promesas no cumplidas, límites no puestos, silencios guardados. Trabajar esa parte interna es el corazón del proceso. Aprender a perdonarte, a hablarte con más respeto y a actuar desde coherencia suaviza la carga emocional que antes explotaba hacia afuera.
Superar la ira no significa eliminarla. Significa domesticarla. Convertirla en un recurso: energía para poner límites, para tomar decisiones y para defender tu integridad sin destruirte ni destruir a otros. La verdadera libertad aparece cuando puedes sentir la emoción sin ser poseído por ella.
Esa es la diferencia entre vivir reaccionando y vivir eligiendo.








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