ABANDONO: la herida que enseña dónde perdimos el amor… y dónde podemos recuperarlo

Juan Carlos Rufasto

5/8/20242 min read

a man kneeling down to a woman who is kneeling down
a man kneeling down to a woman who is kneeling down

El abandono no empieza cuando alguien se va. Empieza cuando alguien que debía sostenernos deja de estar disponible emocionalmente. La mente infantil no entiende matices: si la presencia falta, la identidad se contrae. El cuerpo lo registra como pérdida, la psique lo interpreta como peligro, y la emoción lo traduce como soledad. Desde la PNL, el abandono es un estado anclado a experiencias tempranas que luego se activa en relaciones adultas sin que entendamos por qué reaccionamos tan fuerte.

El abandono del padre es una herida a la dirección y la valía. El niño necesita una figura que confirme su fuerza, que le diga: “tienes un lugar en el mundo”. Cuando el padre no está, el niño construye su identidad desde la duda. En la adultez esto se transforma en ambición excesiva, necesidad de reconocimiento o dificultad para confiar en la autoridad. No es arrogancia: es un intento desesperado de llenar un vacío. El cambio profundo llega cuando el adulto comprende que la ausencia del padre habla de la historia del padre, no del valor del hijo.

El abandono de la madre hiere la base del amor. Ella es el primer refugio emocional. Cuando su presencia falla —por distancia, frialdad, estrés, enfermedad o abandono literal— el niño aprende a no necesitar para no sufrir. En la adultez la persona se vuelve fuerte por fuera, pero frágil por dentro. Cuida a todos, pero nadie la cuida. Ama en silencio, pero teme que lo suyo no sea suficiente. Desde el coaching, este patrón se sana cuando se permite pedir, recibir y sostener lo que un día no estuvo disponible.

El abandono de la pareja no duele por lo que pasa, sino por lo que despierta. Es un eco del pasado. Aunque el adulto rompa una relación, el dolor pertenece al niño que sintió que amar era un riesgo. Desde la PNL trabajamos en separar “lo que me pasó” de “lo que soy”. Una ruptura nunca define valor; solo muestra una etapa cerrándose. La transformación ocurre cuando la persona deja de asociar amor con pérdida y empieza a vincularlo con libertad.

El abandono de los hijos es una herida que muerde hacia dentro. Aunque no haya sido intencional, la persona puede cargar con culpa o vergüenza. Desde la transformación humana se reconoce esta emoción sin condena. La culpa perpetúa el dolor; la responsabilidad abre caminos. Sanar este abandono implica construir presencia desde este momento, no desde lo que ya no se puede cambiar.

El abandono no desaparece olvidándolo. Se libera resignificándolo. La herida deja de gobernar la vida cuando la persona recupera su derecho interno a ser amada, acompañada y vista. Este trabajo no borra el pasado; lo transforma en un territorio fértil donde el adulto puede abrazar aquello que el niño nunca recibió.

Sanar el abandono es un regreso. No hacia quien se fue, sino hacia quien siempre estuvo esperando dentro.

a little girl holding a teddy bear in a dirt road
a little girl holding a teddy bear in a dirt road
a teddy bear sitting on the ground next to a wall
a teddy bear sitting on the ground next to a wall
a little boy sitting on a wooden bridge
a little boy sitting on a wooden bridge